SU HISTORIA
   
«¡Ahora muero contenta!»
 
« ¡Ahora muero contenta! »

Entre el 15 y el 18 de enero, se confesó por ultima vez, y al día siguiente recibió la Comunión.
Se le preparaba otra gran pena. Supo que en esos días, la directora, Madre Piai, la hermana Azócar y el Padre Crestanello emprenderían el viaje estivo a Chile.
Su reacción la refiere este último:

« ¡Dios mío, deberé morir sin que ninguno de los que me pueden ayudar se encuentre junto a mí! ¡Ah Jesús mío, qué duro es esto! ¡Pero que se haga Tu voluntad! »

Su padre espiritual encargó al Padre Genghini atenderla hasta el final.
Mientras el 22 de enero, a las cinco de la mañana, partía la caravana rumbo a Temuco y Santiago, el Padre Genghini le llevó la Comunión en forma de viático y, en el curso de la mañana, le administró la Unción de los enfermos.
Se acercaba el fin.
Estaban presentes, además de su madre y del Padre Genghini, las dos compañeras, María y Mercedes Vera – ambas serían después religiosas Hijas de María Auxiliadora – la hermana María Rodríguez, y el seminarista salesiano Felix Ortiz.
A las cinco de la tarde, Laura pidió al Padre Genghini llamar a su madre.
Esta, comprendiendo que era el momento supremo – así lo refiere el Padre Crestanello – exclamó: “¡Hija mía, hija mía! ¿Me vas a dejar?”
Laura, venciendo la impresión que le causaba el dolor de su madre, con voz trémula pero llena de ternura, le respondió:

« Sí, mamá, muero, porque yo misma se lo pedí a Jesús…
Hace casi dos años que Le ofrecí la vida por ti, para obtener la gracia de tu conversión a Dios. ¡Oh, mamá! ¿Antes de morir, no tendré el gozo de verte arrepentida? »


Doña Mercedes, desconsolada, exclamó: “¡Oh, mi querida Laura, te juro en este momento que haré cuanto me pides… Estoy arrepentida, Dios es testigo de mi promesa!”

María Vera oyó a doña Mercedes decir: “Sí, hija mía. Mañana en la mañana iré a la Iglesia con Amandina y me confesaré”.

Laura buscó con la mirada al Padre Genghini, y le dijó: “Padre, mi mamá en este momento promete dejar a ese hombre. ¡Sea usted testigo de su promesa!”

Después agregó :

« ¡Gracias Jesús, gracias María! Ahora muero contenta ! »

Con estas palabras expiró.
Eran las seis de la tarde del 22 de enero de 1904.
Tenía 12 años y 9 meses.